Quizás conocés a alguien que dice estar deprimido, o que funciona en «cámara lenta» y no por un estilo de vida zen, sino porque está «bajo de energía». Tal vez sos vos mismo.
Si bien las causas pueden ser diversas y multifactoriales —como ocurre con la ansiedad— en este artículo exploramos una de ellas que muchas veces pasa desapercibida: el nervio vago dorsal y su impacto en la salud física y mental.
Entender cómo funciona puede ayudarte a comprender por qué te sentís así y, más importante, qué podés hacer.
Una aclaración necesaria: Este texto usa la Teoría Polivagal como marco explicativo; no es dogma científico, es una herramienta útil para comprender patrones del sistema nervioso.
Entendiendo tu sistema nervioso
El sistema nervioso central (SNC) = cerebro + médula espinal.
Procesa información, toma decisiones, guarda memorias y genera pensamientos. La médula es la autopista que conecta tu cerebro con el resto del cuerpo: manda órdenes (movete, digerí, respirá) y trae señales (dolor, temperatura, posición). Todo lo que sentís, pensás y hacés pasa por este sistema.
El sistema nervioso periférico
Son todos los nervios que salen del SNC hacia órganos, músculos y piel. Dentro del periférico está el sistema nervioso autónomo (SNA), que regula funciones involuntarias: digestión, frecuencia cardíaca, respiración, presión arterial. Vos no tenés que pensarlo; funciona solo.
El SNA tiene dos ramas principales que trabajan como sube y baja:
Sistema simpático (el acelerador — lucha/huida)
Se activa cuando necesitás energía y acción:
- Tu corazón late más rápido
- Tu respiración se acelera
- Tu digestión se frena (no es momento de digerir si estás escapando)
- Tus músculos reciben más sangre y oxígeno
Sistema parasimpático (el freno — descanso/digestión)
Se activa cuando estás seguro y en calma:
- Tu corazón late más lento
- Tu respiración se vuelve profunda y pausada
- Tu digestión funciona bien
- Tu cuerpo repara tejidos y conserva energía
Cuando domina el vago dorsal no estás roto: estás en modo supervivencia. El cuerpo hace lo que puede con lo que queda.
El nervio vago: dos ramas, dos funciones
El nervio vago es el nervio más importante del sistema parasimpático. Es como el cable principal que conecta tu cerebro con la mayoría de tus órganos internos: corazón, pulmones, estómago, intestinos.
El nervio vago no es uno solo. Tiene dos ramas que hacen cosas diferentes:
Nervio vago ventral (la rama «moderna»)
Se encarga de que te sientas seguro y conectado socialmente. Cuando está activo, podés interactuar con otros, tu cara está expresiva, tu voz tiene entonación normal. Es el sistema que te permite relajarte verdaderamente.
Nervio vago dorsal (la rama «antigua»)
Esta es más primitiva evolutivamente. Se activa cuando tu cuerpo percibe que la situación es tan mala que ni siquiera vale la pena pelear o huir. Entonces te apaga. Te desconecta. Baja tu metabolismo al mínimo para «sobrevivir» hasta que pase el peligro.
Tres estados posibles según qué sistema domine:
- Vago ventral activo: «Estoy seguro, puedo conectarme, mi cuerpo funciona bien»
- Simpático activo: «Hay peligro, necesito actuar YA» (huida o pelea)
- Vago dorsal activo: «Esto es demasiado, no puedo hacer nada, mejor me apago y sobrevivo como pueda»
El problema en la vida moderna es que muchas situaciones (burnout, duelo, pérdida de propósito) activan crónicamente ese tercer estado. Y ahí empiezan los síntomas que vamos a explorar.
¿Qué hace el nervio vago dorsal?
El nervio vago dorsal participa en redes que regulan tu metabolismo, funciones viscerales, procesos inflamatorios y respuestas autonómicas. No «controla» todo directamente, pero está involucrado en estos procesos de manera significativa.
Efectos asociados a activación dorsal:
En el corazón: Baja la frecuencia cardíaca, especialmente en situaciones donde tu cuerpo decide «conservar energía». En exceso, puede causar bradicardia (frecuencia muy baja).
En la digestión: La regulación visceral cambia. En activación crónica aparece enlentecimiento digestivo, estreñimiento o malestar abdominal sin causa médica clara.
En el sistema inmune: Hay vías vagales que modulan la inflamación. Si está crónicamente activado, puede bajar tus defensas. La relación es compleja y depende del contexto.
En tu energía: Tendencia a conservar recursos → fatiga persistente, lentitud física, enlentecimiento cognitivo, sensación de funcionar «en cámara lenta».
En tu estado emocional: Aplanamiento emocional, desconexión, sensación de estar en «automático», dificultad para sentir placer.
La respuesta de «apagado»
Cuando estás bajo estrés crónico o pasás por situaciones que tu cerebro interpreta como amenazas sin salida, el nervio vago dorsal se activa repetidamente.
Esto genera:
- Cansancio permanente sin importar cuánto duermas
- Sentirte desconectado de las emociones o «achatado»
- Problemas digestivos crónicos
- Frecuencia cardíaca muy baja
- Sensación de estar funcionando en automático
- Dificultad para tomar decisiones o concentrarte
Es importante entender que tu cuerpo no está roto. Está usando una estrategia de supervivencia antigua que ya no te sirve en la vida moderna.
Homeostasis: la brújula del sistema nervioso
Al final, todo esto es homeostasis. Tu sistema nervioso no busca iluminación ni propósito filosófico: busca equilibrio. Cuando interpreta que no hay salida viable (amenaza sostenida, estrés crónico, pérdida de rol, agotamiento), activa modalidades como la dorsal para conservar recursos y «mantenerte vivo» al menor costo posible.
Eso explica por qué muchas personas creen que «perdieron motivación», cuando en realidad lo que perdieron es capacidad de regulación. El nervio vago dorsal no es tu enemigo: es un intento de equilibrio mal adaptado al contexto actual. Restaurar homeostasis no es solo mental: es fisiológico, conductual y relacional.
El nervio vago dorsal y tu ego: cómo afecta quién creés que sos
En este punto vamos a conectar algo que puede parecer abstracto, pero es muy concreto: tu ego y cómo lo expresa tu sistema nervioso.
¿Qué es el ego?
El ego es esa función de tu cerebro (específicamente de tu corteza cerebral) que integra toda la información de tu cuerpo y tu entorno para crear un sentido de «yo soy». No es algo místico. Es tu cerebro tratando de darle coherencia a todo lo que está pasando en tu sistema nervioso, tus hormonas y tus experiencias.
El ego opera sobre patrones autonómicos que ya existen. No genera las respuestas de tu sistema nervioso (eso pasa automáticamente), pero construye narrativas sobre ellas y puede intentar regularlas. Por ejemplo: tu nervio vago dorsal se activa y baja tu energía (respuesta autonómica), y después tu ego construye la historia de «soy alguien sin motivación» o «no sirvo para nada» (narrativa cortical). El ego trabaja con lo que el cuerpo le da, a veces a favor, a veces en contra.
Podemos pensar en el ego operando en dos niveles:
Temperamento basal: Es tu «yo» de base, tu personalidad cuando tu sistema nervioso está regulado. Cómo sos cuando estás bien, cuando tu cuerpo funciona en equilibrio. Tus valores, tu forma de relacionarte, tu energía característica.
Temperamento temporal o de transición: Es cómo te expresás cuando tu sistema nervioso está dominado por alguna rama específica. No es tu «verdadero yo», es tu yo filtrado por el estado autonómico en el que estás atrapado.
Cómo el nervio vago dorsal interviene al ego
Cuando el nervio vago dorsal está crónicamente activado, tu ego no puede funcionar de manera eficaz porque está operando sobre un sistema nervioso que está en modo «apagado». Tu corteza cerebral (donde opera tu ego) trata de integrar información, pero la información que recibe es: «no hay energía», «no hay recursos», «desconectate».
Esto se manifiesta en pares de opuestos donde el nervio vago dorsal te empuja hacia el lado disfuncional:
Claridad vs Confusión
- Con sistema regulado: Pensás claro, tomás decisiones, ves opciones
- Con vago dorsal dominante: Confusión mental, niebla cognitiva, «no sé qué hacer conmigo»
Serenidad vs Rumiación
- Con sistema regulado: Calma genuina, presencia, paz mental
- Con vago dorsal dominante: Rumiación obsesiva, pensamientos en loop, preocupación constante pero sin energía para actuar
Conexión vs Aislamiento
- Con sistema regulado: Podés conectarte con otros, disfrutás la compañía
- Con vago dorsal dominante: Te aislás, pero no como elección consciente sino como «no tengo energía para sostener vínculos»
Propósito vs Vacío Existencial
- Con sistema regulado: Sentís que tu vida tiene dirección y sentido
- Con vago dorsal dominante: Sensación de vacío, de «para qué», pérdida de motivación profunda
Vitalidad vs Aplanamiento
- Con sistema regulado: Energía para hacer cosas, entusiasmo natural
- Con vago dorsal dominante: Todo se siente pesado, gris, sin matices emocionales
Es crucial entender esto: no estás «eligiendo» ser confuso, rumiativo o vacío de motivación. Tu ego está tratando de funcionar sobre un sistema nervioso inestable que está enviando señales constantes de «conservá energía, no hay recursos, desconectate».
Tu corteza cerebral recibe esa información y la interpreta como «algo está fundamentalmente mal conmigo» o «la vida no tiene sentido». Pero no es una verdad objetiva sobre vos. Es tu ego tratando de explicar por qué tu cuerpo está funcionando en modo supervivencia.
Cuando el ego refuerza el patrón dorsal
Cuando pasás meses o años con el nervio vago dorsal dominando, tu ego empieza a construir una identidad alrededor de ese estado. Empezás a creer que «yo soy alguien sin energía», «yo soy alguien que no puede», «yo soy alguien deprimido».
Pero eso no es tu temperamento basal. Es un temperamento de transición impuesto por el estado de tu sistema nervioso autónomo.
Vos podés contribuir a bajar la dominancia del nervio vago dorsal con acciones concretas —respiración controlada, agua fría, vocalizaciones, movimiento— entonces tu sistema nervioso deja de estar trabado en modo supervivencia y tu ego recupera claridad y energía. La serenidad genuina tiene más espacio para aparecer. El propósito puede reconectarse.
En estos casos, no se trata solo de «trabajar en tu mentalidad» o «cambiar tu forma de pensar». Se trata también de regular tu sistema nervioso, porque tu ego opera mejor sobre un cuerpo que funciona en equilibrio en lugar de uno que está en modo supervivencia constante.
Nervio vago dorsal, burnout y depresión post-jubilación
Ahora que entendés cómo funciona el nervio vago dorsal, vamos a ver cómo se conecta con dos situaciones que parecen diferentes, pero comparten el mismo mecanismo fisiológico: el burnout laboral y la depresión que aparece después de jubilarse.
En ambos casos, tu sistema nervioso interpreta que estás en una situación sin salida y activa la respuesta de «apagado». No es debilidad mental ni falta de voluntad. Es tu cuerpo tratando de sobrevivir a lo que percibe como una amenaza crónica e inescapable.
Burnout: cuando el sistema se rinde
El burnout no es simplemente «estar cansado del trabajo». Es el colapso de tus sistemas de regulación después de meses o años de estrés sostenido.
Acá está la conexión con el nervio vago dorsal: cuando vivís bajo presión constante (plazos, exigencias, falta de control), tu cuerpo primero activa el sistema simpático (estrés activo). Pero si esto no se detiene, eventualmente tu sistema nervioso se rinde y el nervio vago dorsal toma el control.
Síntomas del burnout vinculados al vago dorsal:
- Agotamiento que no mejora con descanso: Tu metabolismo está frenado, tu cuerpo está en modo «conservación»
- Despersonalización: La desconexión emocional es literal. Tu nervio vago dorsal te está desenchufando de las emociones para que «sobrevivas»
- Ineficacia: No es que seas incapaz, es que tu cerebro y cuerpo están funcionando al 40% de su capacidad
- Síntomas físicos persistentes: Problemas digestivos, dolores musculares, mareos
La diferencia clave: en el burnout, tu nervio vago dorsal está crónicamente activado porque tu sistema nervioso interpretó que no hay salida a la situación estresante. Ya no es una respuesta adaptativa, es un patrón atascado.
Depresión post-jubilación: pérdida de propósito y colapso metabólico
La jubilación debería ser un alivio, pero para muchas personas desencadena una depresión profunda. ¿Por qué? El nervio vago dorsal ofrece una explicación fisiológica.
Durante décadas de trabajo activo:
- Tu sistema nervioso mantenía un nivel de activación constante
- Tenías rutinas, propósito, estructura social
- Tu identidad estaba conectada a lo que hacías
Al jubilarte:
- Pérdida abrupta de rutina y propósito
- Reducción drástica de interacción social
- Tu cerebro interpreta esto como «ya no sos necesario»
El nervio vago dorsal puede activarse como respuesta a esta pérdida de significado. No es una amenaza física, pero tu sistema nervioso antiguo no distingue entre «un predador te persigue» y «perdiste tu rol en la sociedad». Ambas pueden activar la misma respuesta de desconexión.
Síntomas específicos:
- Apatía severa: No es pereza. Tu sistema nervioso literalmente bajó tu metabolismo emocional y físico
- Aislamiento social progresivo: El nervio vago dorsal te desconecta de buscar interacción
- Enlentecimiento cognitivo: Pensás más lento, te cuesta concentrarte
- Síntomas físicos inexplicables: Fatiga extrema, problemas digestivos, sensación de «pesadez»
- Pérdida de interés en actividades que antes disfrutabas: No es depresión psicológica únicamente, es un estado fisiológico de conservación energética
Por qué es distinto de otras depresiones: La depresión post-jubilación tiene un componente de duelo anticipatorio («mi vida productiva terminó») que activa específicamente mecanismos de inmovilización. No hay nada que «pelear» ni de dónde «huir», entonces el sistema se apaga.
Factores que agravan la vulnerabilidad:
- Tono vagal basal bajo (tu sistema nervioso ya venía con poca flexibilidad)
- Soledad y falta de red social de apoyo
- Ausencia de rutinas y roles significativos
- Desgaste físico previo: cuando el cuerpo ya viene con cansancio crónico, problemas de sueño, inflamación persistente o desregulaciones hormonales, el sistema nervioso tiene menos margen para regularse y cae más rápido en modos de conservación
Cómo reactivar tu sistema
Lo importante: podés salir de este estado. Tu nervio vago dorsal responde a señales de seguridad y actividades específicas que le indican a tu cuerpo «ya no estás en peligro».
Importante: Estas técnicas necesitan práctica consistente durante semanas para generar cambios sostenidos. No son soluciones instantáneas, son herramientas de regulación que construyen un nuevo patrón con el tiempo.
- a) Respiración (lo más accesible)
Respiración 4-8:
- Inhalá por la nariz contando hasta 4
- Exhalá por la boca contando hasta 8
- Hacelo durante 5 minutos, dos veces al día
La exhalación larga le indica a tu cuerpo que estás seguro. No es misticismo, es fisiología: la exhalación prolongada activa el sistema parasimpático.
- b) Agua fría en la cara
Mojá tu cara con agua fría (no helada) durante 30 segundos. Esto activa algo llamado «reflejo de inmersión» que estimula el nervio vago y mejora tu regulación autonómica. Hacelo por la mañana.
- c) Tararear, cantar y hacer sonidos
Esto es clave. Las vibraciones que generás al tararear o cantar estimulan físicamente el nervio vago en tu garganta.
Cómo hacerlo:
- Tararear una canción que te guste, 5 minutos
- Cantar en la ducha o donde te sientas cómodo
- Hacer el sonido «om» prolongado (no es espiritual, es vibración mecánica)
- Reírte en voz alta, incluso si es forzado al principio (leé chistes, mirá programas de humor)
Las vibraciones de baja frecuencia que genera tu laringe activan directamente el nervio vago. Es tan simple como eso.
- d) Movimiento suave
No necesitás ir al gimnasio. Caminar 20 minutos al día le indica a tu sistema nervioso que podés moverte, que no estás paralizado. El movimiento rítmico ayuda a salir del estado de «congelamiento».
- e) Contacto social (aunque no tengas ganas)
Tu nervio vago ventral (el de la conexión social) necesita estímulo. Aunque te sientas desconectado, forzá interacciones breves pero de calidad (evitá gente tóxica):
- Hablar con alguien 10 minutos al día
- Hacer contacto visual con personas
- Acariciar una mascota
Esto reactiva gradualmente tu sistema de conexión social.
- f) Rutina y propósito (especialmente post-jubilación)
Si estás jubilado y en depresión, necesitás reconstruir estructura:
- Levantarte a la misma hora todos los días
- Tener una actividad significativa, aunque sea pequeña (ayudar a alguien, alimentar a tu mascota, cuidar de una planta)
- Contacto social regular programado
No se trata de «mantenerte ocupado». Se trata de darle a tu sistema nervioso señales de que todavía tenés un rol, que sos necesario. Esto desactiva la respuesta de «apagado» y ayuda a estabilizar tu homeostasis (el equilibrio natural de tu cuerpo donde todos tus sistemas funcionan coordinados y a un ritmo normal).
Cuándo buscar ayuda profesional
Si tenés varios de estos síntomas durante más de dos meses:
- Fatiga que no mejora con descanso
- Desconexión emocional severa
- Problemas digestivos crónicos sin causa médica
- Frecuencia cardíaca muy baja (menos de 50 en reposo sin ser atleta)
- Incapacidad para experimentar placer en nada
Consultá con un profesional. Hay terapias específicas como Experiencia Somática (SE) o terapia sensoriomotriz que trabajan directamente con estos patrones. También existen dispositivos no invasivos de estimulación del nervio vago (tVNS) para casos severos, siempre bajo seguimiento clínico.
Aclaración Importante
La depresión es una condición compleja que puede tener múltiples causas: desequilibrios neuroquímicos, factores genéticos, traumas no resueltos, condiciones médicas subyacentes. Este artículo se enfoca específicamente en el rol del nervio vago dorsal en tu bienestar físico y mental, pero no pretende explicar todos los casos de depresión ni reemplazar un diagnóstico profesional. Si te sentís deprimido, consultá con un profesional de salud mental que pueda evaluar todas las causas posibles.
Reflexión Abierta
Tu cuerpo está tratando de protegerte usando estrategias que funcionaron para la supervivencia de la especie durante millones de años. El problema es que esas estrategias se activan en situaciones modernas donde no son útiles.
El nervio vago dorsal no es tu enemigo. Es una parte de vos que necesita aprender que ya no estás en peligro. Y eso se logra con acciones concretas, repetidas, que le muestren a tu sistema nervioso que es seguro volver a conectarte con la vida.
No alcanza con insistir en la fuerza de voluntad. La regulación del sistema nervioso es un requisito para que el proceso psicológico y la narrativa del ego vuelvan a operar de manera funcional y con recursos.
No es un cambio de un día para el otro. Es construir gradualmente un nuevo patrón. Pero es posible.
2 respuestas
Estoy encantada de encontraros, siempre he buscado el porqué de la vida y el más allá a un nivel científico y por fin os he encontrado, me estáis ayudando mucho y a partir de ahora os voy a seguir, enhorabuena por vuestro trabajo, hace mucha falta esto en el mundo que vivimos. Gracias.
¡Gracias por tus palabras, Gloria!
Me alegra profundamente saber que este espacio te está ofreciendo claridad y respuestas desde una mirada científica pero también humana. Esa búsqueda que describís —entender el “por qué” y el “más allá” con rigor y amplitud— es justamente el corazón del trabajo que intento compartir aquí.
Bienvenida a la comunidad. Ojalá cada contenido te siga acompañando, inspirando y aportando herramientas valiosas en tu camino. Gracias por estar aquí.